miércoles, 24 de junio de 2026

Prohibido ser crítico

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Charo Martín Fraile

Fotografía: Pablo de la Peña

24-06-2026

Cuando una institución, supongamos una cofradía o hermandad penitencial, tiene entre sus principios de obligado cumplimiento valores como la fraternidad, el respeto, la caridad y la unión entre los hermanos, las actuaciones y decisiones tomadas desde su junta de gobierno no deberían ser reiteradamente contrarias a esos principios y alejarse de los mismos, provocando con ello una clara discriminación entre los hermanos, o un ejercicio de trato desigual, por el mero hecho de ser críticos y discrepar de las mismas.

La crítica, constructiva y bien argumentada, constituye un elemento esencial en cualquier institución democrática, y las hermandades, aunque posean una naturaleza religiosa, no dejan de ser instituciones integradas por personas con diferentes sensibilidades y puntos de vista. Por eso la pluralidad de opiniones sobre asuntos a debatir no debe interpretarse como una amenaza, sino como una oportunidad para mejorar la gestión y para fortalecer la vida de la cofradía.

Sin embargo, últimamente, la práctica habitual en mi querida Hermandad Dominicana, tras la manifestación de discrepancias por parte de algunos hermanos frente a determinadas decisiones tomadas por su junta de gobierno, comienza a convertirse en una forma de discriminación más o menos evidente. Esto se puede observar, por ejemplo, en la reiterada negativa a permitir la participación de esos hermanos en comisiones de trabajo, el rechazo sistemático a propuestas o la limitación en la participación en actividades, todas ellas buscando siempre el beneficio de la propia cofradía. Además, la reiteración en estas actitudes conduce a un desagradable deterioro de las relaciones personales dentro la nómina de hermanos que la integran.

Este tipo de conductas intransigentes, empieza a ser especialmente preocupante, porque contradicen los valores evangélicos que las hermandades, cofradías y congregaciones están llamadas a promover.

Desde mi experiencia, las juntas de gobierno tienen la responsabilidad de ejercer su autoridad con transparencia, imparcialidad y sobre todo vocación de servicio. La crítica razonada no debe ser confundida con deslealtad, sino ser vista como opiniones diferentes planteadas con respeto, por lo que debe evitarse la confrontación buscando siempre el interés de la cofradía. Así pues, desde los órganos de gobierno se debe garantizar que todos los hermanos, incluso los más críticos, sean tratados con igualdad y respeto, porque esto constituye una exigencia ética y cristiana.

En definitiva, estoy plenamente convencida de que la libertad de expresión responsable y el respeto mutuo son pilares fundamentales para preservar la buena convivencia y la credibilidad dentro de la propia hermandad.

 


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