lunes, 22 de junio de 2026

La Pasión de Cristo (II)

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Ramiro Merino

Fotograma de la película La Pasión de Cristo, de Mel Gibson

22-06-2026


Cerrábamos la primera entrega sobre la magnífica película de Mel Gibson subrayando el modo en que nos muestra que la Pasión de Cristo constituye una forma extrema de tortura que supera los límites humanos y nos permite intuir, si no reconocer, su divinidad. Pero este aspecto no agota ni mucho menos su riqueza. Existen otros elementos valiosos y dignos de consideración ―no afirmaré que sean los únicos ni los más importantes, entre otras cosas porque mi desconocimiento de la técnica cinematográfica es más que evidente― desde mi humilde y particular punto de vista.

Me referiré, por ejemplo, a un componente de la realización especialmente atractivo, y es que Mel manifestó su deseo, a los cámaras y los actores, de que quienes viesen la película se encontrasen personalmente con Jesucristo. Y, en lenguaje cinematográfico, este objetivo lo consigue a través de la mirada ―curiosamente, la ya famosa serie The Chosen incide también mucho en esto―. Todos los personajes importantes cruzan su mirada con Jesús en algún momento significativo (Pedro, Judas, el cirineo, incluso algunos que no se mencionan directamente en el Evangelio. Y, cuando sus miradas se cruzan, la transformación es decisiva, contundente. Particularmente impactante resulta el caso del cirineo: cuando llegan al Calvario no les pueden separar, están pegados por la mirada; aquella mirada del Cristo le ha cautivado para siempre.

Mel Gibson ya había tratado anteriormente aspectos de la Pasión, en una película titulada El hombre que hacía milagros, hecha con plastilina, y en la que presenta ya a un Cristo con el casco de espinas (no con el aro), portando el palo horizontal camino del Calvario, situando los clavos donde corresponde, etc. Entonces se dijo que no se ajustaba a la iconografía tradicional, de modo que ideó una nueva película más ajustada a lo que la gente conoce. Se basó en las visiones de Ana Catalina Emmerick, que contienen un gran dramatismo. Por ejemplo, dice ella que cuando le dieron vuelta a la cruz se quedó flotando; y en el filme, efectivamente, hay una escena en que está Jesús con la cruz boca abajo y no está tocando el suelo.

Detalles, como cuando la Virgen recoge la sangre del suelo, no se entienden si no es desde un plano cultural, si uno no se adentra en la cultura y la tradición de un pueblo milenario. En este sentido, cuando la esposa de Pilatos le da a la Virgen una tela, está anunciándole que, aunque ella ha intentado evitarlo, van a matar a Jesús. Y la Virgen recoge la sangre porque los judíos deben preservar la integridad de la sangre del cadáver para el momento de la resurrección, y lo que tuviera su sangre debía quedarse con el cadáver. Por eso el sudario está en el mismo sitio en que lo habían enterrado, porque había recogido la sangre que salía de la nariz y la boca de Cristo cuando lo bajan de la cruz y lo trasladan al sepulcro.

En un orden distinto, más introspectivo si se quiere, otra clave para ver la película es la importancia que su director concedió al hecho de mostrar que la entrega de Jesús es libre, por muy dolorosa que resulte ―en el Evangelio afirma: nadie me quita la vida; yo la doy por mí mismo (...) nadie tiene más amor que aquel que da la vida por los amigos―. Por eso, en los momentos decisivos (en Getsemaní, en la flagelación, en la primera caída cuando está con su madre, al final, cuando llega al Calvario), Jesús se levanta. Particularmente la escena que, desde mi apreciación, contiene una mayor intensidad dramática es la de Getsemaní, la más oscura e incierta, el momento en que Jesús experimenta el dolor, las dudas. La hora en que carga con los pecados de todos nosotros, y lo hace en la soledad más conmovedora, mientras sus discípulos ―poco antes les había encomendado encarecidamente que velaran por él― se han quedado dormidos.

Igualmente, pero desde la perspectiva de lo sorprendente, aportan interés y curiosidad las numerosas e inexplicables peripecias que acontecieron a los actores y miembros del equipo durante la grabación y después de la misma. Hechos que superan lo anecdótico y dejarían una huella indeleble en sus vidas. Pero de ello daremos cuenta en un próximo episodio.


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