12-10-2026
Comienzo el nuevo curso cofrade en Pasión
en Salamanca recordando el título de la que quizá sea la obra maestra del
salmantino de adopción Gonzalo Torrente Ballester. No será Pueblanueva del
Conde el escenario de estas líneas, sino nuestra Salamanca; pero pocas
expresiones podrían resultar más apropiadas para afrontar una contracrónica del
XXXVII Encuentro Nacional de Cofradías que aquellas cinco palabras: Los
gozos y las sombras.
Porque gozamos, vaya que sí gozamos. Y
lo hicimos como lo hacemos en primavera: desde las vísperas. El propio 1 de
septiembre se abrió la veda con la inauguración de «Octo Dies», una de las
exposiciones —quizá la más original— de cuantas se organizaron para el
Encuentro.
La llegada de las fiestas en honor a la
Virgen de la Vega no disminuyó el ritmo que las cofradías habían impuesto: ensayos
de bandas y cargas, montajes de pasos, engalanamiento de calles… Todo ello, a
la par de los multitudinarios conciertos en la Plaza Mayor, la feria de día y
los fuegos artificiales. La Salamanca cofrade había dado el toque de corneta y
nada parecía dispuesto a detenerla.
La misma tarde en que Diego Ventura daba
la enésima lección de rejoneo, Jesús Nazareno impartía lecciones de identidad y
salmantinismo. Las claras del alba del día siguiente fueron testigos de la
faena elegante, a cámara lenta, de Jesús Flagelado, mientras que, al ocaso, la
Glorieta era testigo de Morante, vibrando a base de naturales.
Así, casi sin querer, llegamos a la
semana del Encuentro. La Catedral Nueva lucía espectacular con la presencia de
los dieciséis pasos y el Cristo de la Fraternidad Franciscana. Si bien podría
haberse mimado más esa Vía Áurea —con contenido didáctico, una mejor alineación
de los pasos, exornos florales o un acordonamiento que evitara ciertos
comportamientos—, la grandiosidad de las naves catedralicias creaba un espacio
de solemnidad y recogimiento que difícilmente podrá borrarse de la memoria.
Es igualmente de destacar que muchas hermandades
hicieron un esfuerzo extra preparando para su veneración las imágenes que no
iban a procesionar, de manera que locales y visitantes pudieran tener una
visión completa de lo que sale a la calle con la llegada de la luna de Nisán.
Y llegamos a la tarde del 26 de
septiembre. Faltaban un par de minutos para las 17:30 cuando la Catedral no
aguantaba más y se abrieron sus puertas. Las caras de ilusión y felicidad de
los allí presentes se asemejaban a las que, desde pequeños, tenemos la mañana
de Reyes. Estábamos recibiendo un regalo cuyas dimensiones aún no alcanzábamos
a comprender.
Los días anteriores, en prácticamente
todos los corrillos, se expresaba el temor a que saliera mal: a los retrasos, a
que las bandas se doblaran… Poco de todo eso sucedió, aunque luego hablaremos
de ello. Por eso, antes de proseguir, gracias al equipo de organización de la
procesión por un trabajo excepcional, especialmente teniendo en cuenta que,
como digo, casi todos éramos escépticos ante el resultado.
De lo que no tenía ninguna duda era de
que los cofrades salmantinos iban a dar el do de pecho. Fue impecable la
indumentaria en la práctica totalidad de los más de trescientos cirios que
procesionaron (ojalá fuera igual con los hábitos procesionales). Igualmente, la
mayor parte de las cargas fueron, me atrevo a decir, incluso mejores que en la
semana de Pasión. Las cuadrillas de la Oración en el Huerto, Jesús del Perdón o
el Cristo de la Agonía Redentora derrocharon elegancia y buen hacer (por citar
algunas menos mediáticas).
Qué decir de los acompañamientos
musicales. Tanto las bandas foráneas como las locales resultaron el
acompañamiento perfecto para nuestras imágenes. Destacaría entre ellas la Banda
de Cornetas y Tambores del Stmo. Cristo de la Victoria de León, la Banda de
Música Maestro Paco Tenorio de Arriate o nuestra Agrupación Musical La
Expiración.
Todo ello, junto con la calidad de la mayoría
de nuestras imágenes y el inigualable marco que supone nuestra ciudad, dejó una
grata impresión tanto en el salmantino menos cofrade como en los viajeros
llegados de los cuatro puntos cardinales del país (incluidos famosos youtubers
e influencers cofrades).
Pero no todo fue bueno y, como dice el
título de esta contracrónica, también hubo sombras. La procesión fue larga, muy
larga. La manga ancha que criticaba en mi anterior artículo de junio ocasionó
una procesión de casi cuatro horas de duración. A ello se sumaron la ausencia
de sillas —aunque fueran de pago— durante el recorrido oficial y la inclusión
de algunos pasos completamente prescindibles (me ahorraré decir cuáles, aunque
todos sabemos cuáles son). Todo ello provocó que joyas como la Piedad o la
Soledad fueran ostensiblemente menos acompañadas que los primeros pasos. Por no
hablar del mensaje que acabó transmitiendo ese camino dorado: Jesús Resucitado
tuvo que ir prácticamente todo el recorrido derrapando a fin de poder entrar a
una hora coherente con su idiosincrasia.
El mangazo que igualmente criticaba se
ha materializado, con la posible agravante de que, una vez llegada la
liquidación de cuentas, comprobemos que había dinero, pero no para nuestras
cofradías.
Faltaron publicaciones de interés real,
como un catálogo de las exposiciones realizadas, con rigor informativo y
vocación de convertirse en una referencia documental de nuestra fiesta. Y
sobraron otras, como una edición extraordinaria de la revista Christus, con
escaso contenido realmente novedoso y, encima, de una tirada tan reducida y
reservada especialmente para los congresistas.
Y hablando de congresistas, la escasa
afluencia de estos a las distintas conferencias y mesas de trabajo debería ser
un foco de autocrítica. No se ha conseguido que los actos ajenos a la procesión
resultaran de interés para una parte importante tanto de visitantes como de
locales.
Por último, no puedo dejar de recordar
la sombra del egoísmo y la egolatría que una vez más apareció en nuestras
procesiones. Vaya por delante que los protocolos de los traslados y los
regresos fueron excesivamente rigurosos; sin embargo, son iguales para todos y
así deben ser respetados. No se explica de forma alguna que, por puro
lucimiento de una cofradía, esta tarde media hora en recorrer los escasos cincuenta
metros que mide la Plaza de las Agustinas. Si ya supone una falta de respeto el
incumplimiento injustificado de horarios, el hecho se agrava al provocar
fuertes parones en las cofradías que van por detrás y que incluso conllevaron
el cambio de recorridos. Las órdenes se acatan, gusten o no; ese es uno de los
principios fundamentales de convivencia. Si no, seguiríamos siendo bárbaros, y
más aún en un ámbito como el cofrade.
Llegados a este punto, volvemos a la
trilogía del maestro que se encuentra eternamente sentado en el Café Novelty.
Los Gozos y las Sombras narran el cambio de paradigma en los años previos a
la Guerra Civil. Quién sabe si esta Vía Áurea supondrá todo un cambio de ciclo.
Por lo pronto, podríamos comenzar manteniendo el acompañamiento de cornetas y
tambores a Jesús Flagelado, así como algún horario diurno que nos permita
contemplar los matices y perfecciones de su policromía. Podríamos continuar con
la senda de la excelencia musical abierta por la Archicofradía del Rosario, que
hizo que sonaran, quizá por primera vez en nuestra ciudad, composiciones de
Germán Álvarez Beigbeder o Antonio Pantión. Y podríamos finalizar con una
organización prácticamente milimétrica, con escasos retrasos, cortes o parones.
Si todo ello se llevara a cabo durante la Semana Santa, seguramente terminaría
de despegar, siendo más cómoda tanto para los participantes como para los
espectadores.
Solo queda trabajar, trabajar y trabajar
para seguir afianzando nuestra personalidad. Solo queda, como dicen los más
jóvenes ahora, «farmear áurea» (lo siento, no me he podido contener).




0 comments: