lunes, 12 de febrero de 2024

Amnistía

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Pedro Martín


El gran Señor de San Pablo | Foto: J M F Cunquero
12-02-2024

Corren tiempos convulsos en la política nacional. En el foco la tan traída y llevada ley de amnistía. Supone, sin duda, un verdadero reto y quebradero de cabeza permanente para todos los actores implicados, desde el jefe del Estado, que contempla sin poder actuar, pasando por el presidente del gobierno, por lo que en ello le va, siguiendo por el prófugo que, tras saltarse la ley, intenta que le rediman, saliendo limpio de polvo y paja, y con una serie de actores intermedios que, de una u otra manera, tienen algo que decir (algunos si les dejan). Me refiero a letrados del Congreso, fiscales de todo tipo incluyendo al general del Estado (gobierno), tribunales varios y, por supuesto, los negociadores en la tramoya, esos sí que son importantes.

Y, como quiera que sea, en este mundo nuestro, eclesial y cofrade de Salamanca, no íbamos a ser menos. Como bien dice fray Enrique Mora, en este mundo desacralizado, secularizado hasta límites insospechados, donde se impone la mundanización por encima de la moral y la tradición ‒y añado yo, olvidando para qué estamos aquí‒, pues también nos contagiamos de los modos y maneras del mundo, perdiendo nuestra razón de ser, Jesucristo.

Hablaba F. J. Blázquez de situaciones y ejemplos… Pues bien, vayamos con uno que me toca, duele y entristece sobremanera. Resulta que, en el mes de diciembre, se anuncia y se aprueba en la Junta de Semana Santa la imagen que presidirá el Viacrucis del próximo sábado. Y esta no es otra que el Cristo de la Salud. Dirá el lector que de qué imagen estamos hablando, puesto que la organizadora del viacrucis es la Congregación de Jesús Rescatado. Esta imagen es un crucificado que durmió el sueño de los justos más de cien años bajo los arcos de la nave de la epístola de la parroquia de San Pablo, que no tenía ni tiene culto público, ni por la parroquia ni por la congregación. Recientemente se restauró y la congregación quiere ponerla en valor. Hasta ahí todo correcto.

Pero resulta, y ya es el segundo párrafo que comienzo igual, que en enero, en un pleno de la citada Junta de Semana Santa, ya se dan detalles del viacrucis, horario, recorrido y demás, confirmando la imagen y publicando hasta los carteles, sin conocimiento de los hermanos, que hasta el día 27 de enero no se enteran formalmente de esta situación. Eso sí, con una votación en la junta general para hacer imagen titular de la congregación a esta imagen (que no lo es) y para modificar la denominación de la misma, suponiendo por tanto una reforma de estatutos que no se ha aprobado.

Esta situación, de política de hechos consumados, lleva a la delirante situación de ver en cinco días, presidiendo el viacrucis de la Junta de Semana Santa, una imagen que no es titular de ninguna de sus dieciocho asociadas. Un viacrucis que hubiera presidido el señor obispo de no tener «compromisos impepinables» (presidente dixit). Las líneas rojas se ven aquí traspasadas por tres flancos: estatutos propios, estatutos de la Junta y normas del viacrucis. Y todo ello, bajo la atenta mirada de Palacio, que no se entera o, si se entera, no actúa, que es peor.

Pero resulta, y van tres, que también se quiere sacar la imagen el Viernes Santo, como se desprende de los anuncios en redes sociales. Pues de nuevo los hermanos no sabemos nada y me consta que este último aspecto no se ha aprobado tampoco en pleno alguno de la Junta.

Así, saltándonos todo a la torera, sin respetar a los hermanos ni las normas, es como andamos. Y me pregunto quién es el culpable, pues aquí tenemos de todo, como en la política. Personajes que solo buscan su minuto de gloria, con ínfulas y maneras ególatras y autoritarias, autoridades que no quieren problemas y miran para otro lado, fiscales generales (del obispado) que intentan hacer un encaje de la ley, letrados y consejos generales del poder (coordinarial) que están esperando su renovación, negociadores entre despachos y otros lugares más mundanos que intercambian favores de todo tipo… Y así hasta cubrir toda la baraja de la mundanización. Y no todo vale, vendemos «experiencias», carga una imagen nueva. ¿Qué justificación, consultas previas, idoneidad pastoral, autorización y conveniencia del culto público externo se aporta para una decisión de tal trascendencia? No existe. No la busquéis. Se llama capricho o jugar a los pasitos, una vez más.

Me decía un buen amigo el pasado día 7, recordando los ocho años de la partida de mi padre: «¿Qué diría o haría él, si viera este despropósito?». Y le contesté, «seguro que no callarse». Y por tu memoria, Tomás, y por lo que fuiste, no puedo ahogar más mi voz.


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