miércoles, 26 de junio de 2024

El viaje de Egeria

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Tamara Velasco


26-06-2024

Nada sabía de este personaje histórico hasta que el padre Miguel Ángel, de la Orden Mercedaria, nos habló de ella en uno de los cursos monográficos organizados por la, no sé si desaparecida o en funciones Coordinadora Diocesana, en la Casa de la Iglesia hace ya un par de años. Viniendo de Miguel, el tema impartido no podía ser de algo mejor que liturgia y piedad popular. Fiel defensor de las mismas y de los símbolos que las rodean, nos expresaba la importancia de explicar y entender por qué se hacen las cosas como se hacen ya que el fin último no es otro que dar culto a Dios y que, si no cuidábamos esos ritos ancestrales, acabarían por desaparecer.

Para aquellos que tuviésemos curiosidad en estas materias, nos sugirió unos cuantos libros a los que acudir de forma genérica, como son el Directorio de piedad popular y liturgia (tomado como libro de cabecera de estos temas); Paganos y cristianos de J.F. Dölger, y como obra más que excepcional por su temática, el del Viaje de Egeria, entre otros. El personaje enseguida me fascinó, pues es sorprendente que una mujer de finales del siglo IV hiciese miles de kilómetros (realizados a lo largo de tres años) acompañada nada más que por una pequeña cohorte y con el único propósito de visitar y venerar los Santos Lugares.

El encuentro de sus relatos, de una manera casi fortuita, revela la importancia de Egeria pues se trata de la primera viajera cristiana de origen hispano (los escritos sitúan su nacimiento en la Gallaecia romana, probablemente en Segovia) de la que tenemos constancia y cuya crónica ha llegado a nuestros días a modo de notas de viaje escritas a sus amigas, considerándolo el primer «libro de viajes» español. Si bien es cierto que el libro fue redactado con otros propósitos como son los de la piedad religiosa y popular, en realidad constituye una verdadera hoja de ruta que comienza en Hispania a través de la Via Domitia hasta Constantinopla, visitando también lugares tan simbólicos como el Monte Sinaí, Jerusalén, Nazaret, Belén y otros parajes bíblicos para retornar a Constantinopla, lugar donde se pierde la pista de nuestra protagonista.

Esta piedad popular, que comienza a germinar en forma de peregrinaciones masivas, se debía sobre todo a santa Helena y su empeño por ensalzar los Santos Lugares, así como la aparición, en estas fechas, de varios libros piadosos. Egeria, interesada por todo lo que estaba sucediendo, decide emprender el viaje y con ella, su relato dividido en dos partes bien diferenciadas. La primera, centrada en la descripción de todo cuanto veía y la segunda, en los rituales que allí se iban haciendo.

Esta última parte es sin duda la más interesante para historiadores y estudiosos de la liturgia. Nuestra viajera repasa los oficios y las celebraciones que se producían durante la semana en Jerusalén hasta culminar en la fiesta dominical. Nos introduce también en los ciclos y las festividades a lo largo del año litúrgico para después centrarse, con todo lujo de detalles, en la Semana Santa y los ritos celebrados cada día en la ciudad. El colofón de su relato son las fiestas de la Pascua, la Ascensión y Pentecostés.

Se pierde su huella en Constantinopla. En las últimas hojas que se conservan, nos cuenta que planea seguir viajando hacia Asia Menor y visitar el sepulcro del apóstol Juan, en Éfeso. Promete seguir mandando cartas a sus amigas para seguir contándoles todo cuanto vea, pero ahí acaba su relato. Se desconoce cuándo y de qué manera regresó a su hogar. Lo que sí es cierto es que, gracias a sus epístolas, podemos saber cómo se realizaban los primeros rituales litúrgicos cristianos.



1 comentarios:

  1. Que interesante a la par que adelantada a su tiempo estos viajes de esta mujer...como siempre gracias por sembrar la curiosidad de seguir leyéndote!!!

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