lunes, 24 de junio de 2024

El peligro de la fotografía

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 Lira Félix Baz

Fotografía: Pablo de la Peña

24-06-2024


Quiero confesar un miedo que tenemos los periodistas. Bueno, tenemos más, pero uno que tiene que ver con las fotografías de archivo a la hora de ilustrar un reportaje o noticia cuando no tienes la del día.

Hay veces que escribes una previa de una fiesta de un pueblo. Le haces la entrevista al alcalde, esa fotografía es actual; algún reportaje a la persona que pregona el festejo, también puede ser actual o bien te la proporcionan desde el Ayuntamiento. Luego está el programa en sí. Tienes que tirar de archivo de las fotografías que tomaste el año anterior. Aquí viene el problema. ¿Por qué, se preguntará usted, querido lector? Porque siempre tienes la duda de si entre el público fotografiado hay una persona que ha muerto. Sabemos que es un dolor para la familia. ¿Necesario? Sí, porque el periodista nunca obra de mala fe. Ese es el consuelo que te queda.

Hay otra parte más frívola a la hora de elegir una fotografía de archivo. Quizá la única que tengas de la persona de la que escribes esté en maga corta y el artículo lo publicas un 10 de enero a -5º C. Puede ocurrir lo contrario, que estemos en julio a 40º C y en la fotografía aparezca con gorro y bufanda.  

Unas y otras chirrían al lector.

Por eso, cuando veo las inmensas fotografías que adornan la Plaza Mayor, quizá el monumento más visitado de nuestra ciudad, que es una obra de arte arquitectónica aconfesional, me pregunto: ¿Qué pintan las fotografías de Semana Santa en el mes de agosto en uno de los escaparates de los locales de la Plaza Mayor? O peor aún, ¿qué hace ahí una talla procesional cuando está pasando por delante la Cabalgata de los Reyes Magos?

Si yo perteneciera a una cofradía o hermandad, le pedía a la Junta de Semana Santa que las retiraran, que la Plaza Mayor no es un templo para ensalzar una confesión religiosa en detrimento de las demás o, como decían los romanos, supersticiosos ellos, este hueco puede ser para el desconocido, o lo que es lo mismo, para los ateos.

Además, puede que en las fotografías donde se ven penitentes, paseantes o curiosos, porque no sabemos el motivo de estar ahí cuando fue tomada la imagen, hayan muerto. ¿Qué pensará la familia que lo ve allí todos los días? También puede ser que en la instantánea hayas quedado con la boca abierta o con un gesto raro. ¿Quién les dice a ustedes que esa persona no está sufriendo la mofa de indeseables?

La devoción es patrimonio de cada uno, la exhibición es una osadía de vanidosos.

Para bien o para mal, salvo excepciones, las tallas que procesionan en la Semana Santa salmantina no tienen el valor del David de Miguel Ángel, fotografiado hasta la saciedad y expuesto en multitud de lugares de Florencia.

Entonces, ¿por qué utilizamos las imágenes de nuestros queridos cristos y vírgenes para esconder la fealdad de muros y contrafuertes que sujetan fachadas de edificios fantasmas? ¿No sería mejor que se pidiera al Ayuntamiento que adecente la Rúa? Visto desde fuera parece que son cómplices de esconder la feúra bajo la alfombra, digo los vinilos con imágenes de culto.


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