lunes, 17 de junio de 2024

La cruz de la urna

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 Pedro Martín

Foto: Hermandad de Jesús Despojado


 

17-06-2024

Periódicamente aparecen en los medios digitales y en las redes sociales unas declaraciones de Mons. Demetrio Fernández (Obispo de Córdoba), ya antiguas, de hace más de una década, pero siempre de rabiosa actualidad, cuando refiriéndose al mundo cofrade, especialmente a sus dirigentes decía: «El mundo cofrade no es para personas deseosas de protagonismo o personalismo, que no han podido encontrarlo en otros ámbitos de la vida. Cuando esto es así, la cofradía es un problema continuo. En el mundo cofrade, como en toda la vida cristiana, vale quien sirve, y no vale quien quiere servirse de la cofradía para sus intereses».

En este tiempo de elecciones en las cofradías, en la propia junta local, y extensivo a otras asociaciones u organismos donde participemos los cristianos, conviene que hagamos una reflexión en primera persona (los que hemos ostentado cargo y los que lo tenemos en la actualidad) sobre que supone esta responsabilidad.

Más allá de lo meramente humano, de lo altruista (o así debiera ser), cabe pensar que nos diferencia, o nos debiera diferenciar a los cristianos a la hora de desempeñar un cargo cualquiera, especialmente en el ámbito religioso y en nuestro caso en el cofrade.

Y creo con sinceridad que D. Demetrio tiene razón. Si buscas el protagonismo que no tienes en tu vida, te has equivocado de lugar. Si buscas notoriedad, este no es tu sitio. Si buscas tus propios intereses, no te interesa la cofradía.

Podréis decir los que me conocéis, con razón seguramente, que en mis años de hermano mayor habré tenido momentos de protagonismo personal, de interés personal y de servicio propio. Seguro que así habrá sido, y seguro que en algún momento de mi responsabilidad recién adquirida vuelvo a caer en esa tentación. Somos humanos y pecadores, pero Dios tiene para con nosotros infinita misericordia.

La única manera de ejercer un cargo desde el evangelio, es ponerse enfrente del Crucificado, ese que ejerce su reinado desde el protagonismo de la cruz. Ese que es el Mesías del poder del amor. Ese que te pide que, si quieres seguirlo, cojas tu cruz y adelante. Ese que vino a servir y no a servirse. Ese al que decimos seguir y querer, al que le rezamos en las iglesias bajo múltiples advocaciones y en el sagrario en presencia real y verdadera. Ese que se da de forma infinita por todos nosotros.

Esta es la cruz de la urna, si tienes (tengo) tentaciones de poder humanas, ponte delante de él, rézale, tómalo como modelo y abraza tu cruz (de la urna).

Pido a Dios que así sea.

 

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