viernes, 30 de enero de 2026

Entre la devoción y la responsabilidad cultural

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Rafael López Borrego

Cristo de la Agonía Redentora | Fotografía: Pablo de la Peña

30-01-2026


Con motivo del quinto centenario del Cristo de la Agonía Redentora, la Cofradía del Yacente de Salamanca organizó unas jornadas históricas que constituyeron, sin exageración, una de las iniciativas culturales y patrimoniales más serias y ambiciosas que se han llevado a cabo en la ciudad en los últimos años en torno a la Semana Santa. Tuve la oportunidad de participar en ellas como ponente hablando sobre el patetismo y lo patético en el arte y pulsar el ambiente de alguna otra conferencia. La experiencia fue, desde un punto de vista intelectual y humano, profundamente satisfactoria.

Las jornadas reunieron a ponentes de primer nivel, procedentes de distintos puntos de España, especialistas en historia del arte, teología, escultura, iconografía y estética, que abordaron la obra desde perspectivas complementarias. El Cristo de la Agonía Redentora fue analizado no solo como una imagen devocional, sino como una escultura excepcional dentro del panorama artístico salmantino y español, atendiendo a su contexto histórico, su carga simbólica, su patetismo y su capacidad de interpelación estética y espiritual. Todo ello evidenció un trabajo riguroso por parte de la cofradía organizadora, tanto en la selección de los temas como en la calidad de las intervenciones.

Sin embargo, junto a esta valoración claramente positiva, resulta inevitable señalar una ausencia que llamó poderosamente la atención: la escasa afluencia de público a las conferencias. El contraste entre el nivel de los ponentes y el número de asistentes fue evidente. Y no se trata de una crítica dirigida a personas concretas, sino de una reflexión que interpela al conjunto del mundo cofrade y, en un sentido más amplio, a la propia ciudad.

Es frecuente reivindicar una mayor implicación institucional y social con la Semana Santa de Salamanca, reclamar reconocimiento, apoyo y proyección. Pero esa reivindicación pierde fuerza si, cuando se organizan actos de profundidad, investigación y verdadero amor por el patrimonio, la respuesta es limitada. La Semana Santa no se sostiene únicamente en las procesiones —por muy importantes que estas sean—, sino también en la reflexión, el estudio y la comprensión de las imágenes que salen a la calle, de su historia y de su sentido.

Salamanca no es Sevilla, ni necesita serlo. Su identidad cofrade es distinta y valiosa precisamente por su sobriedad, su tradición universitaria y su vínculo con el pensamiento y la cultura. Por eso mismo, iniciativas como estas jornadas deberían encontrar un respaldo mayor, especialmente entre quienes afirman querer lo mejor para su Semana Santa. Apoyar estos actos es, en el fondo, tomarse en serio aquello que se defiende.

El esfuerzo realizado por la Cofradía del Yacente merece reconocimiento y acompañamiento. No solo por la calidad del evento, sino porque marca un camino: el de una Semana Santa que no renuncia a la devoción, pero que tampoco renuncia al conocimiento, al rigor y a la reflexión crítica. Si no somos capaces de respaldar estos espacios cuando se nos ofrecen, quizá convenga preguntarnos, con honestidad, qué tipo de implicación estamos dispuestos a asumir como comunidad.


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