viernes, 2 de enero de 2026

La Navidad en domingo: ¡Felices Pascuas!

| | 0 comments

 Tomás Gil Rodrigo

Icono de la Natividad, por Andrey Rublev (1405), Catedral de la Anunciación, Kremlin (Moscú)


02-01-2026


Hay un día, dentro del tiempo de Navidad, en el que tenemos más en cuenta que el misterio de la encarnación del Hijo de Dios debe contemplarse desde la centralidad del misterio pascual. Se trata de un domingo aparentemente sin importancia, porque se encuentra entre dos solemnidades muy intensas: la correspondiente al día primero del año, dedicada a la Madre de Dios, y la de la Epifanía o, como aquí la llamamos popularmente, la del día de los Reyes Magos. No obstante, ¿se trata de un domingo cualquiera, que pasará sin pena ni gloria, en espera de días más destacados? La verdad es que el segundo domingo de Navidad no hay que vivirlo ni celebrarlo así.

El descenso por amor del Hijo hasta nosotros, tomando nuestra condición humana, forma parte del plan de salvación de Dios, y este alcanza su cumplimiento en su pasión, muerte y resurrección. Es decir, todo lo que estamos celebrando estos días es un anticipo y un anuncio de la Semana Santa, aunque falten casi tres meses. Quizá esa sea la razón por la que en estos días felicitamos deseando, además de una feliz Navidad, unas felices Pascuas.

Por eso, este domingo próximo, situado en la mitad de la Navidad, tendrá de nuevo el resplandor de todos los domingos del año, comprendidos como la Pascua semanal. Los cristianos nos volveremos a reunir para celebrar el centro de nuestra fe en el primer día de la semana, para recordar y actualizar no solo que Dios se ha abajado hasta nosotros, haciéndose hombre en la carne visible del Hijo de su amor, sino también que este primer paso solo se comprende desde el último: el del amor hasta el extremo, entregando la vida en la cruz, con la confianza de no quedar en el sepulcro de los muertos y de ser resucitado por el Padre.

En el evangelio de este domingo volveremos a proclamar y escuchar el prólogo del evangelista san Juan; sin embargo, esta vez no solo desde la contemplación de la bajada del Verbo hecho carne y acampado entre nosotros, tal como hicimos el día de Navidad, sino desde la contemplación de su vaciamiento y de su resurrección en gloria.

Quisiera terminar esta consideración sobre el segundo domingo de Navidad evocando un icono de la Natividad, el pintado (escrito) por Andrei Rublev en el siglo XV. Seguro que su belleza nos ayudará a entender mejor este segundo domingo de Navidad. Detrás de la imagen de la Virgen María, recostada sobre el manto rojo, el Niño Jesús yace en una especie de mortaja, en lo que se asemeja más a un ataúd que a un pesebre. El mensaje que resuena con fuerza es el de una imagen profética: al encarnarse y hacer suya toda la humanidad, el Hijo de Dios también asume su muerte.

De hecho, la gruta como tal hace referencia a un sepulcro, donde resalta principalmente el color negro, la ausencia de luz, imagen de la muerte. Este mismo tipo de gruta aparecerá en otros iconos, siempre con una clara alusión a la muerte en la que se introducirá Jesucristo para liberarnos. En esta escena, el Niño en el pesebre-ataúd, dentro de la gruta, señala la determinación de Dios por encontrar a la humanidad, hasta el punto de no dudar en entrar en la oscuridad de la muerte, en la injusticia, la opresión y la mentira del mundo, y en el pecado de la humanidad, para salvarnos y darnos la nueva vida que tanto buscamos.

Desde su nacimiento, por tanto, se anuncia que este Niño vencerá a la muerte con su resurrección, y que el sudario que ahora lo envuelve será la señal que verán quienes se acerquen al sepulcro vacío cada domingo para celebrar la eucaristía.

¡Feliz Navidad! ¡Felices Pascuas!


0 comments:

¿Qué buscas?

Twitter YouTube Facebook
Proyecto editado por la Tertulia Cofrade Pasión