miércoles, 14 de enero de 2026

Más que flores de un día

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Félix Torres

Fotografía: Roberto Haro

14-01-2026

Parece que ya ha pasado el revuelo, pero apenas hace unos días comprobábamos cómo la película «Los domingos» de Alauda Ruiz de Azúa, se convertía en comidilla mediática al tratar un tema poco frecuente. Su argumento gira en torno a una joven que, al terminar sus estudios de bachillerato, piensa que su vida ha de estar cerca de Dios y se propone ingresar en clausura para completarse espiritualmente, lo que, sin entrar en más hondura argumental, desencadena un cisma familiar que, mal que nos pese, muchos entendemos y algunos, incluso, llegarían a compartir si se dieran las circunstancias en su entorno.

Lo cierto es que esto es algo que, más por curioso que por interesante, ha hecho que una no creyente confesa, como Ruiz de Azúa, llevase a las pantallas algo que para muchos supondría un drama y que, ya fuera de las salas cinematográficas, cada cual ha agarrado, como un rábano, por donde ha querido; muchos por las hojas y algunos por la raíz, mucho más cargada de sustancias nutritivas aunque oculta bajo tierra.

También ha sido algo revolucionario, arrastrando quizá más comentarios en este sentido que hacia la propia calidad intrínseca del disco (escasa en mi opinión), ese «Lux» de Rosalía y su –falso– misticismo cargado de espurias referencias a Dios mezcladas con lo más mundano sin el más mínimo rubor. Una muestra, también, de que se puede jugar con lo más esencial e íntimo barroquizándolo en sus formas y simplificándolo al extremo en su fondo.

Los domingos, Rosalía y su Lux, Christian Gálvez, Hakuna, Influencers en el Movistar Arena de Madrid, La Oración de la Misericordia, el Movimiento Alpha... parece que, de un tiempo acá, se ha despertado un interés por lo religioso que muchos dábamos por perdido, viéndolo más que dormido, oculto tras el velo de una vergüenza prudente o el temor a sentirse señalado por esos otros movimientos sociales racionalistas y materialistas tan demagógicamente ruidosos. Pero, más allá de todo eso, lo que a nadie debe sorprender, aunque casi todos lo hayan ignorado convenientemente, es que nuestras cofradías, como elementos aglutinadores de grandes grupos de creyentes, han permanecido ahí, casi estoicas frente a las adversidades, manteniendo el tipo y con mucha más sinceridad en su forma de ver el cristianismo que todos estos movimientos y gentes, oportunistas advenedizos en muchos casos, que ahora alzan la voz erigiéndose en puntas de unas lanzas recién compradas de las que aún parece colgar la etiqueta con el precio rebajado.

Y siempre al frente de nuestras cofradías, personas dispuestas a arriesgar su anónima comodidad para conducirlas en su día a día a través de los tiempos, siguiendo lo que la propia Rosalía, nuestra cantante más internacional con permiso de Julio Iglesias –en boca de tantos estos días–, aconseja en su canción «La rumba del perdón» del ya mencionado Lux, donde nos dice que ...para hacerlo como se debe tres cosas necesitarías, fuego en las manos, ternura en los ojos y a mí presente en el lugar... Y mira tú por dónde, es lo que parece que algunos han pensado al dar el paso adelante y presentarse a dirigir algunas de nuestras cofradías: Puño de hierro en guante de seda (lo del fuego y la ternura de la canción) y, sobre todo, estar presentes en el lugar. Jóvenes que se arriesgan a enfrentar un cargo que más allá de ser respuesta obligada a esa normativa diocesana, tan reglamentariamente exigente en ocasiones como laxa cuando interesa, se trata de un movimiento necesario para ventilar juntas de gobierno alcanforadas y abrir la puerta a nuevas ideas e iniciativas –incluso osadamente diferentes– cargadas de ilusión en casi todos los casos.

Vaya desde aquí el ánimo solidario de quienes vemos a estos Tomás González, Pepelu Pérez, Javi Casas, Julián Alcántara hijo, Javier Hernández, Antonio Caballo, Pablo Martín, Roberto Muñoz... como, ahora sí, puntas de lanza que serán las caras visibles que se encarguen de hacer todo lo posible por seguir sosteniendo una Semana Santa salmantina que mire al futuro sin perder de vista la historia que nos contempla.

Películas y canciones son efímeras flores de un día que se marchitarán mucho antes de que las fijemos en el recuerdo. Cofradías, hermandades y congregaciones seguirán ahí avaladas por el tiempo y siempre con alguien dispuesto a tirar de las riendas. Este es un importante porqué de la longevidad de nuestra «pasión» y un claro aval para fijar la importancia secular de la religiosidad popular, más allá de corrientes y modas.



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