«La asamblea del Jesús Nazareno suspendida por exceso de aforo: cabreos y nueva fecha en el aire», titulaba La Opinión de Zamora con respecto a una polémica asamblea donde se pretendían aprobar los nuevos estatutos, y decidir, si así lo tienen a bien los hermanos/as, la presencia de estas últimas en la procesión del Viernes Santo, lógicamente con la indumentaria reglamentaria, el hábito procesional.
Aunque parezca anacrónico, pasado ya un
cuarto de este siglo que parece empezó ayer, en la vecina Zamora, por causas
varias, todavía existen cofradías que cuentan entre sus filas de nazarenos
menos mujeres de las presenciaron la final de la supercopa de España de fútbol
en la lejana ciudad árabe de Yeda. Acertado símil, amigo Tomás.
No hace demasiados meses, a unos cientos de
kilómetros al sur por la Vía de la Plata, ocurría algo similar en la Hermandad
de la Macarena, un cabildo polémico con votación de la restauración de la
Virgen y hubo que habilitar todos los espacios posibles, para no suspender tan
importante decisión.
Vemos estos días, multitud de convocatorias
de hermanos de paso, costaleros, repletas de gente, y en primera convocatoria. No
digamos si hay elecciones, y concurre más de una candidatura, cada uno arrima
el ascua a su sardina y hace un «llamamiento a la responsabilidad», sacando
votos de la cripta de la iglesia, si es necesario. Esos días, no hay problema
con el quorum.
¿Pero qué ocurre si en una asamblea los
temas a tratar no son interesantes, por ejemplo el tema económico? Que no digo
importantes. Pues que Dios te libre del quórum, que como esté presente en los
estatutos, puede provocar la suspensión de la misma por falta del mismo,
¿Cuántos cultos se celebrarían si pusiéramos
un quorum mínimo de hermanos no ya del diez, sino del cinco por ciento?
¿Cuántas actividades formativas? ¿Cuántas pequeñas acciones que suman pero que
no salen en ningún periódico? Prefiero no pensarlo.
Menos mal que en ese aspecto nos lo dejó
claro el Señor: «Porque donde están dos o tres congregados en
mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18;20).
Quizá
le damos mucha importancia a lo que no lo tiene, y olvidamos, por diversos motivos,
lo que realmente es importante. Aún con falta de quórum, debemos seguir
convocando y realizando todo aquello que es minoritario, con la esperanza que
Espíritu siembre en los corazones, aunque sean otros lo que recojan la cosecha.




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