04-03-2026
A Carlos García Rioja,
hermano y pregonero Semana Santa León 2026
Cómo está el tema por Aragón. Lo dice usted por la política.
Pues sí, ¿por qué no? Pero fundamentalmente por el tema taurino.
Al fin y al cabo, política y toros van unidas de la mano
desde los vetustos e inmemoriales tiempos del Minotauro, pues Teseo, Minos,
Ariadna y el mismo Zeus podrían encarnar todas nuestras virtudes y defectos
como animales políticos. Qué decir de Ortega y Gasset, Lorca, el propio
Morante… que han hecho del toro toda una declaración de intenciones alejadas de
los egoísmos liberticidas de los de la Calculadora
Diabólica, cuyo resultado en Aragón ha sido de un solo representante de lo pijo progre casposo valga la
redundancia. Los, las, les, lis, lus
de Podemos, Podemas o Podemis ni siquiera asomaron el morro
por el Ebro. Otro milagro de la Virgen del Pilar.
El mismo padre Íbero fue testigo de las gestas de las tribus
ribereñas que se enfrentaron a los romanos con toros de fuego, como mortífera
arma contra el invasor imperial.
Resulta que la gestión de los cosos taurinos normalmente
recae en los ayuntamientos, pero cuando una plaza da dinero y poder,
rápidamente los políticos construyen, como Dédalo todo un entramado de
condiciones leoninas a las que una vez encuadernadas ponen por nombre «Pliego», dícese, contrato con obligaciones
con ambas partes.
El problema viene dado porque se requiere la pública
concurrencia de dar corridas en fechas donde es inasumible, compensando las
grandes ferias, además de diferentes prebendas, muchas de ellas escondidas en
lo más oscuro de los chiqueros de la ignominia.
En Zaragoza, su Diputación ha sacado el pliego de las
condiciones que deberá regir su coso en su paseo homónimo para los siguientes
años. Han protestado diferentes empresas, y como siempre otras han callado,
incluso traicionado todo lo pactado en la ANOET, algo así como una Junta Mayor
donde debieran estar todos los que nos sentimos unidos al mundo del toro:
empresarios, políticos, toreros, aficionados… pero que en la realidad es un
ente inmarcesible. Más que puñaladas se han metido unos a otros rejones de
castigo y alguno de muerte con trayectoria errada. Tan errada (y descarada) que
hace guardia por todo el costillar.
El dinero manda. La pecunia ordena. El billete gobierna. Y
muchos entre nudillo, falange, tendones, dedos, uñas y manos se pierden y se
quedan.
Digo esto porque lo que sucede en Aragón, con La Muela como
máximo exponente de la corrupción verde (y aquí no me refiero a VOX), también
las corridas de toros propiciaron altas dosis de adrenalina subvencionada para
contentar al vulgo que se dejaba agasajar con cornamentas de todo tipo, clase y
condición.
Nuestra Semana Santa nunca supo de pliegos; a lo sumo de
estatutos y reglas, de pocas líneas, claras y estrictas para llevar a cabo sus
fines espirituales y carnales, especialmente los penitenciales, caritativos,
votivos y patrimoniales. Poco a poco, con la llegada del turismo y de las
concejalías de turismo, fiestas y pan y circo, fueron teniendo más mando que
urbanismo, pues al pueblo hay que entretenerlo para que el trampantojo de la
inflación o de la ingente subida de tributos, tasas e impuestos siga
alimentando al monstruo administrativo y burocrático sin que el ciudadano no se
percate de su anoréxica condición de individuo libre en comunidad.
En general, tras la contienda civil, surgieron de la mano de
buenos obispos, las llamadas Juntas Mayores de Semana Santa con el fin de
fomentar la piedad popular (ya saben que prefiero lo de piedad a lo de
religiosidad) y coordinar actos, días y cofradías. La intención por lo tanto
fue loable y buena, pues esos mitrados veían con buenos ojos, mano férrea y
báculo enhiesto todo lo relacionado con las cofradías y hermandades.
Pero con la llegada de Fraga a Turismo y todos los sucesores
políticos que ha tenido en cualquier concejalía o vocalía de fiestas y desmanes
florales en dictadura o democracia, no olviden que sacamos la Constitución cada
poco de su celda para que pueda pernoctar en un tercer grado de memoria
colectiva para luego volver al polvo cuaresmal de su letargo continuo, esto de
la Semana Santa se convirtió, junto con un carnaval inexistente y unas
Navidades laicas precedidas de Halloween y las fiestas septembrinas, en uno de
los pilares básicos del agasajo onanista de políticos y cofrades, muchas veces
travestidos lo uno de lo otro.
Ya no están esas generaciones que tuvieron que organizar la
Semana Santa después de una Guerra Civil con una escasez de medios terrible o
aquellos tiempos más recientes de ruedas, neumáticos y banzos y templos vacíos
tras un concilio cuyo aggiornamento cayó
como un meteorito sobre las cervicales de unos fieles que dejaron de serlo.
Ahora, todo Dios gana dinero con la Semana Santa.
Subvenciones para la promoción turística, galas y certámenes de bandas que, con
el pretexto de «obra social» cobran jugosos donativos para no sé qué proyectos alejados
de cualquier cotejo. Ahora ya apuntamos alto. Más alto que la veleta de la
aguja de la torre de la campana grande de la catedral. Certámenes de bandas al
estilo Super Bowl, con mesas, barras
y alcohol. O las famosas quedadas de hermandad donde todos ponen gratis su
trabajo, pero alguien se lo lleva crudo, incluso después de cocinar…
No obstante, nos hemos superado con la exposición The Mystery Man (no sé qué merito tiene
exponer un muñeco de silicona al estilo Kardashian
con forma de Jesucristo muy similar a una gran obra de arte como el Cristo Sindónico de Miñarro) y cobrar
por ello, todo en un marco muy apropiado como iglesias y catedrales, y ahora ya
nos han colonizado los Holy Cards.
Siempre he dicho que es lícito sacar dinero en cuanto a
cofradías y hermandades se refiere. Lotería de Navidad, venta de baratijas,
cuotas, entradas, papeletas de sitio… pues en general no nos da dinero ni Dios
(literal). Pero que haya cuatro listos enriqueciéndose a costa del trabajo
realizado todo el año por muchos hermanos y hermanas anónimos tiene su aquel. Y
que encima el principal semoviente de esto sea una idiocia mitrada hecha cromo,
es mitrar la mitra.
Somos muchos los que ponemos textos, coordinación de
publicaciones, montaje de pasos, fotos e imágenes, preocupaciones y velas en
noches de sinsabores, venganzas y preocupaciones. Somos un ejército de mermados
que cada primavera seguimos creyendo en una fe del carbonero que sostiene las
frágiles obras de nuestras manos, siguiendo el adagio latino del gratis et amore (la filosa de toda la
vida). Pero hay mucho listo que ha redactado pliegos para hacerse con los
alberos y los cosos de Plazas donde como mucho olerán el parné, pero ni de
lejos sabrán lo que es arrimarse a un toro con la integridad de sus defensas.
Y sí. No los verán en formaciones y cursos, pues ahí sólo hay
pesares y concurrencia obligada. Tampoco en eucaristías, liturgias y oraciones,
pues ahí ya casi ni amerita báculo. Los mismos que dicen que la Semana Santa es
interior, bien se muestran en barnices y tintas de cuatricromías de imprenta y linotipia.
Les verán contando billetes y preparando el siguiente pliego
de subvenciones para hacerse, una vez más con el mercadeo de una celebración
votiva de la calle. Y, en la calle, quien cobra en una esquina y no vende
cupones ni gargantillas de san Blas tiene nombre: ¡«sobrina»! Pues eso.
Feliz Cuaresma y Semana Santa 2026.




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