miércoles, 4 de marzo de 2026

Pliegos

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Álex J. García Montero

Fotografía: Pablo de la Peña

04-03-2026


A Carlos García Rioja, hermano y pregonero Semana Santa León 2026

 

Cómo está el tema por Aragón. Lo dice usted por la política. Pues sí, ¿por qué no? Pero fundamentalmente por el tema taurino.

Al fin y al cabo, política y toros van unidas de la mano desde los vetustos e inmemoriales tiempos del Minotauro, pues Teseo, Minos, Ariadna y el mismo Zeus podrían encarnar todas nuestras virtudes y defectos como animales políticos. Qué decir de Ortega y Gasset, Lorca, el propio Morante… que han hecho del toro toda una declaración de intenciones alejadas de los egoísmos liberticidas de los de la Calculadora Diabólica, cuyo resultado en Aragón ha sido de un solo representante de lo pijo progre casposo valga la redundancia. Los, las, les, lis, lus de Podemos, Podemas o Podemis ni siquiera asomaron el morro por el Ebro. Otro milagro de la Virgen del Pilar.

El mismo padre Íbero fue testigo de las gestas de las tribus ribereñas que se enfrentaron a los romanos con toros de fuego, como mortífera arma contra el invasor imperial.

Resulta que la gestión de los cosos taurinos normalmente recae en los ayuntamientos, pero cuando una plaza da dinero y poder, rápidamente los políticos construyen, como Dédalo todo un entramado de condiciones leoninas a las que una vez encuadernadas ponen por nombre «Pliego», dícese, contrato con obligaciones con ambas partes.

El problema viene dado porque se requiere la pública concurrencia de dar corridas en fechas donde es inasumible, compensando las grandes ferias, además de diferentes prebendas, muchas de ellas escondidas en lo más oscuro de los chiqueros de la ignominia.

En Zaragoza, su Diputación ha sacado el pliego de las condiciones que deberá regir su coso en su paseo homónimo para los siguientes años. Han protestado diferentes empresas, y como siempre otras han callado, incluso traicionado todo lo pactado en la ANOET, algo así como una Junta Mayor donde debieran estar todos los que nos sentimos unidos al mundo del toro: empresarios, políticos, toreros, aficionados… pero que en la realidad es un ente inmarcesible. Más que puñaladas se han metido unos a otros rejones de castigo y alguno de muerte con trayectoria errada. Tan errada (y descarada) que hace guardia por todo el costillar.

El dinero manda. La pecunia ordena. El billete gobierna. Y muchos entre nudillo, falange, tendones, dedos, uñas y manos se pierden y se quedan.

Digo esto porque lo que sucede en Aragón, con La Muela como máximo exponente de la corrupción verde (y aquí no me refiero a VOX), también las corridas de toros propiciaron altas dosis de adrenalina subvencionada para contentar al vulgo que se dejaba agasajar con cornamentas de todo tipo, clase y condición.

Nuestra Semana Santa nunca supo de pliegos; a lo sumo de estatutos y reglas, de pocas líneas, claras y estrictas para llevar a cabo sus fines espirituales y carnales, especialmente los penitenciales, caritativos, votivos y patrimoniales. Poco a poco, con la llegada del turismo y de las concejalías de turismo, fiestas y pan y circo, fueron teniendo más mando que urbanismo, pues al pueblo hay que entretenerlo para que el trampantojo de la inflación o de la ingente subida de tributos, tasas e impuestos siga alimentando al monstruo administrativo y burocrático sin que el ciudadano no se percate de su anoréxica condición de individuo libre en comunidad.

En general, tras la contienda civil, surgieron de la mano de buenos obispos, las llamadas Juntas Mayores de Semana Santa con el fin de fomentar la piedad popular (ya saben que prefiero lo de piedad a lo de religiosidad) y coordinar actos, días y cofradías. La intención por lo tanto fue loable y buena, pues esos mitrados veían con buenos ojos, mano férrea y báculo enhiesto todo lo relacionado con las cofradías y hermandades.

Pero con la llegada de Fraga a Turismo y todos los sucesores políticos que ha tenido en cualquier concejalía o vocalía de fiestas y desmanes florales en dictadura o democracia, no olviden que sacamos la Constitución cada poco de su celda para que pueda pernoctar en un tercer grado de memoria colectiva para luego volver al polvo cuaresmal de su letargo continuo, esto de la Semana Santa se convirtió, junto con un carnaval inexistente y unas Navidades laicas precedidas de Halloween y las fiestas septembrinas, en uno de los pilares básicos del agasajo onanista de políticos y cofrades, muchas veces travestidos lo uno de lo otro.

Ya no están esas generaciones que tuvieron que organizar la Semana Santa después de una Guerra Civil con una escasez de medios terrible o aquellos tiempos más recientes de ruedas, neumáticos y banzos y templos vacíos tras un concilio cuyo aggiornamento cayó como un meteorito sobre las cervicales de unos fieles que dejaron de serlo.

Ahora, todo Dios gana dinero con la Semana Santa. Subvenciones para la promoción turística, galas y certámenes de bandas que, con el pretexto de «obra social» cobran jugosos donativos para no sé qué proyectos alejados de cualquier cotejo. Ahora ya apuntamos alto. Más alto que la veleta de la aguja de la torre de la campana grande de la catedral. Certámenes de bandas al estilo Super Bowl, con mesas, barras y alcohol. O las famosas quedadas de hermandad donde todos ponen gratis su trabajo, pero alguien se lo lleva crudo, incluso después de cocinar…

No obstante, nos hemos superado con la exposición The Mystery Man (no sé qué merito tiene exponer un muñeco de silicona al estilo Kardashian con forma de Jesucristo muy similar a una gran obra de arte como el Cristo Sindónico de Miñarro) y cobrar por ello, todo en un marco muy apropiado como iglesias y catedrales, y ahora ya nos han colonizado los Holy Cards.

Siempre he dicho que es lícito sacar dinero en cuanto a cofradías y hermandades se refiere. Lotería de Navidad, venta de baratijas, cuotas, entradas, papeletas de sitio… pues en general no nos da dinero ni Dios (literal). Pero que haya cuatro listos enriqueciéndose a costa del trabajo realizado todo el año por muchos hermanos y hermanas anónimos tiene su aquel. Y que encima el principal semoviente de esto sea una idiocia mitrada hecha cromo, es mitrar la mitra.

 

Somos muchos los que ponemos textos, coordinación de publicaciones, montaje de pasos, fotos e imágenes, preocupaciones y velas en noches de sinsabores, venganzas y preocupaciones. Somos un ejército de mermados que cada primavera seguimos creyendo en una fe del carbonero que sostiene las frágiles obras de nuestras manos, siguiendo el adagio latino del gratis et amore (la filosa de toda la vida). Pero hay mucho listo que ha redactado pliegos para hacerse con los alberos y los cosos de Plazas donde como mucho olerán el parné, pero ni de lejos sabrán lo que es arrimarse a un toro con la integridad de sus defensas.

Y sí. No los verán en formaciones y cursos, pues ahí sólo hay pesares y concurrencia obligada. Tampoco en eucaristías, liturgias y oraciones, pues ahí ya casi ni amerita báculo. Los mismos que dicen que la Semana Santa es interior, bien se muestran en barnices y tintas de cuatricromías de imprenta y linotipia.

Les verán contando billetes y preparando el siguiente pliego de subvenciones para hacerse, una vez más con el mercadeo de una celebración votiva de la calle. Y, en la calle, quien cobra en una esquina y no vende cupones ni gargantillas de san Blas tiene nombre: ¡«sobrina»! Pues eso.

Feliz Cuaresma y Semana Santa 2026.


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