Una completa desconocida. Eso era para mí Teresa Peña
hasta que hace unos días tuve la suerte de que entre Andrés Alén y Tomás Gil me
abrieran los ojos a su arte.
Desde ese mismo instante se desencadenó una agradecida
cadena de acontecimientos que ha derivado en el cartel de la Tertulia Cofrade
Pasión de este año 2026. Un excelente cartel en opinión de quienes ya lo han
visto.
Porque este año la propuesta de cartelista y, con
ello, de cartel que llevó a la Tertulia el asesor para estos temas –y algún
otro– Andrés Alén, llegó quizá algo tarde pero con ruido. Un ruido desconocido
hasta el momento pues era una propuesta heterodoxamente nueva. Un cartel que no
estaba pensado para ser nuestro cartel, de una artista ya fallecida hace años.
Todo un reto que, con esos precedentes, nos obliga a buscar a Teresa Peña para
conocerla a ella y su obra.
De la artista, quizá porque inconscientemente sesgamos
el arte y a los artistas hacia lo descreído y alejado de la norma, lo primero
que llama la atención es su lenguaje plástico contemporáneo alejado de las
dulcificaciones clásicas. Porque Teresa se acerca al arte religioso desde su fe
profunda, desde el conocimiento teológico y desde la inquietud de quien vive en
ese momento particular, en la mitad de un convulso siglo XX, con una
naturalidad envidiable, quizá por alejada de circuitos mercantilistas.
Luces casi dramáticas que emergen desde oscuros fondos
cargados de simbolismo que la propia autora explicaba con una metáfora en la
que la luz que representa la esperanza y la presencia de Dios se impone sobre
el vacío de la oscuridad. Eso es lo que vemos en nuestra obra-cartel
protagonista: cruces de blanca luz llenando el oscuro vacío que hay tras un
crucificado que mira al Padre, perdiéndose más allá de los márgenes de la
propia obra.
Este es, precisamente,
el punto donde su pintura se encuentra con el espíritu de un cartel de Semana
Santa. Este es el porqué de haber elegido «Cuerpo Místico II» para anunciar,
para convocar a una experiencia colectiva. Porque este cartel quiere dejar de
ser solo propaganda visual para convertirse en un pellizco espiritual que no
muestra simplemente el anuncio de nuestra «Pasión en Salamanca» sino que propone
una mirada pausada a la luz desde la cruz. Y la mirada de Teresa Peña
–sensible, contemporánea y luminosa–, sorprenderá a quienes miren el cartel,
con una intensidad que trasciende lo estético.
Por todo esto, haber
descubierto a Teresa Peña adquiere una dimensión especial, gratamente
sorprendente, que nos habla con un lenguaje de símbolos, luces y sombras que dicen
mucho más que las palabras. Esto es lo que busca un cartel. Es una invitación a
escuchar a la luz que permanece en medio de la oscuridad.




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