martes, 21 de abril de 2026

Las emociones y la fe

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Raúl Román

Capilla del Encuentro. PP. Jesuitas (Salamanca). Premio al mejor espacio religioso del año 2018

21-04-2026

 

La Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española ha publicado el 3 de marzo de 2026 el documento Cor ad cor loquitur: el corazón habla al corazón, que es una guía de discernimiento, a partir del hecho de que hay signos que indican un renacer de la fe cristiana, especialmente entre los jóvenes españoles de la llamada «generación Z», aquellos nativos digitales nacidos entre mediados de los 90 y la primera década del 2000. Y aquí están implicados numerosos miembros de las cofradías y movimientos eclesiales. La nota doctrinal subraya que, si bien la fe implica a la persona en todas sus dimensiones, existe un riesgo real de desvirtuarla si se reduce a lo meramente externo, sentimental o estético.

A. Riesgos

El documento advierte contra el «emotivismo», definido como la reducción de la afectividad a la simple emoción momentánea. Para un cofrade, esto se traduce en el peligro de convertir la vivencia religiosa en un consumo de «experiencias de impacto».

Cuando la fe depende exclusivamente de la intensidad de lo que se siente en un momento determinado (una procesión, un canto, una imagen, una teatralización de las devociones mezclándose o no con la liturgia…), el creyente se fragmenta. Esta dependencia del sentimiento genera una fe inconstante que «se vuelve incapaz de dar razón de sí misma» y que teme a los compromisos perdurables más allá del instante de emoción.

B. Errores actuales

La cultura actual ha pasado del «pienso luego existo» al «siento luego existo». Los obispos señalan dos errores doctrinales específicos que los miembros de las cofradías deben evitar. Por una parte el neo-gnosticismo, o lo que es lo mismo, concebir la salvación como algo puramente interior y subjetivo, encerrándose en los propios sentimientos o razonamientos. De otra parte, el neo-pelagianismo, que es confiar solo en las propias fuerzas y en el cumplimiento externo. Esto se manifiesta en la ostentación de la liturgia o en la obsesión por el prestigio de la institución, olvidando que la gracia es un don de Dios.

C. Lo estético y lo litúrgico: más allá de lo externo

Es común que también en el ámbito de las cofradías se valore enormemente la belleza plástica y el ritualismo, hasta el punto de incluir elementos en desuso que difícilmente se comprenden, y que la misma Iglesia ha desplazado de un modo consciente (v. gr. reformas litúrgicas). En esto, el documento que hemos referido es tajante: la belleza de la liturgia no es meramente formal. Esto lleva a una seria advertencia contra el devocionalismo, que potencia el subjetivismo sentimental frente a lo comunitario y sacramental. Se destaca el error de usar elementos emotivos o prácticas de culto fuera de la misa que desvirtúan el sentido de la adoración. La relación con Jesús debe llevar siempre a la comunión con toda la Iglesia, no a una experiencia aislada o arbitraria que ignore las normas litúrgicas vigentes, y esto no adite excepciones.

D. La formación como antídoto

Para no quedarse en lo externo, es imprescindible una formación integral (intelectual, afectiva y espiritual) que permita integrar la verdad del mensaje cristiano con el amor sentido frente al sentimentalismo vacío, el documento propone la «recuperación del corazón». En la tradición cristiana, el corazón no es solo el lugar de la emoción, sino el «núcleo de cada ser humano», donde se unifican la razón, la voluntad y la afectividad.

● La fe debe ser profesada con los labios, pero pasando por el corazón y la razón simultáneamente.

● Creer con el corazón significa que el encuentro con Cristo es un acontecimiento totalizante que transforma el obrar y da un nuevo sentido a la vida.

E. Criterios de autenticidad, también para el cofrade

Para asegurar que la vida en los cofrades o de una cofradía no caiga en los errores señalados, los obispos proponen varios criterios de discernimiento:

1. La cruz. Una fe basada solo en sentimientos agradables suele rechazar el sufrimiento. No hay vida cristiana auténtica sin compartir la cruz de Cristo.

2. Dimensión eclesial. Ningún método o carisma es absoluto. La vivencia de la fe no debe ser individualista; debe servir a la unidad de la Iglesia y estar bajo el discernimiento de los pastores.

3. Compromiso ético. El encuentro real con Dios se mide por la capacidad de «tocar la carne de los últimos». Si la emoción de una procesión no se traduce en caridad hacia los pobres y defensa de la dignidad humana, esa fe «está muerta por dentro».

En definitiva, la nota doctrinal exhorta a no renunciar a las emociones —pues el mismo Jesús amó con corazón de hombre— pero sí a educarlas y ordenarlas. El objetivo final del cofrade debe ser un encuentro transformador «de corazón a corazón» con el Señor, evitando que el «ruido» de lo externo o la «fragilidad» de lo puramente afectivo impidan una adhesión libre, verdadera y constante a Jesucristo.



1 comments:

  1. Excelente, quizá esto de debe enseñar a las hermandades y que todo sea menos ostentoso.

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