La Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española
ha publicado el 3 de marzo de 2026 el documento Cor ad cor loquitur: el
corazón habla al corazón, que es una guía de discernimiento, a partir del
hecho de que hay signos que indican un renacer de la fe cristiana, especialmente entre los
jóvenes españoles de la llamada «generación Z», aquellos nativos digitales
nacidos entre mediados de los 90 y la primera década del 2000. Y aquí están implicados
numerosos miembros de las cofradías y movimientos eclesiales. La nota doctrinal
subraya que, si bien la fe implica a la persona en todas sus dimensiones,
existe un riesgo real de desvirtuarla si se reduce a lo meramente externo,
sentimental o estético.
A. Riesgos
El documento advierte contra
el «emotivismo», definido como la reducción de la afectividad a la simple
emoción momentánea. Para un cofrade, esto se traduce en el peligro de convertir
la vivencia religiosa en un consumo de «experiencias de impacto».
Cuando la fe depende
exclusivamente de la intensidad de lo que se siente en un momento determinado
(una procesión, un canto, una imagen, una teatralización de las devociones
mezclándose o no con la liturgia…), el creyente se fragmenta. Esta dependencia
del sentimiento genera una fe inconstante que «se vuelve incapaz de dar razón
de sí misma» y que teme a los compromisos perdurables más allá del instante de
emoción.
B. Errores actuales
La cultura actual ha pasado
del «pienso luego existo» al «siento luego existo». Los obispos señalan dos
errores doctrinales específicos que los miembros de las cofradías deben evitar.
Por una parte el neo-gnosticismo, o lo que es lo mismo, concebir la salvación
como algo puramente interior y subjetivo, encerrándose en los propios
sentimientos o razonamientos. De otra parte, el neo-pelagianismo, que es
confiar solo en las propias fuerzas y en el cumplimiento externo. Esto se
manifiesta en la ostentación de la liturgia o en la obsesión por el prestigio
de la institución, olvidando que la gracia es un don de Dios.
C. Lo estético y lo litúrgico:
más allá de lo externo
Es común que también en el
ámbito de las cofradías se valore enormemente la belleza plástica y el
ritualismo, hasta el punto de incluir elementos en desuso que difícilmente se
comprenden, y que la misma Iglesia ha desplazado de un modo consciente (v. gr.
reformas litúrgicas). En esto, el documento que hemos referido es tajante: la
belleza de la liturgia no es meramente formal. Esto lleva a una seria
advertencia contra el devocionalismo, que potencia el subjetivismo sentimental
frente a lo comunitario y sacramental. Se destaca el error de usar elementos
emotivos o prácticas de culto fuera de la misa que desvirtúan el sentido de la
adoración. La relación con Jesús debe llevar siempre a la comunión con toda la
Iglesia, no a una experiencia aislada o arbitraria que ignore las normas
litúrgicas vigentes, y esto no adite excepciones.
D. La formación como
antídoto
Para no quedarse en lo
externo, es imprescindible una formación integral (intelectual, afectiva y
espiritual) que permita integrar la verdad del mensaje cristiano con el amor
sentido frente al sentimentalismo vacío, el documento propone la «recuperación
del corazón». En la tradición cristiana, el corazón no es solo el lugar de la
emoción, sino el «núcleo de cada ser humano», donde se unifican la razón, la
voluntad y la afectividad.
● La fe debe ser profesada
con los labios, pero pasando por el corazón y la razón simultáneamente.
● Creer con el corazón
significa que el encuentro con Cristo es un acontecimiento totalizante que
transforma el obrar y da un nuevo sentido a la vida.
E. Criterios de
autenticidad, también para el cofrade
Para asegurar que la vida en
los cofrades o de una cofradía no caiga en los errores señalados, los obispos
proponen varios criterios de discernimiento:
1. La cruz. Una fe basada
solo en sentimientos agradables suele rechazar el sufrimiento. No hay vida
cristiana auténtica sin compartir la cruz de Cristo.
2. Dimensión eclesial.
Ningún método o carisma es absoluto. La vivencia de la fe no debe ser
individualista; debe servir a la unidad de la Iglesia y estar bajo el
discernimiento de los pastores.
3. Compromiso ético. El
encuentro real con Dios se mide por la capacidad de «tocar la carne de los
últimos». Si la emoción de una procesión no se traduce en caridad hacia los
pobres y defensa de la dignidad humana, esa fe «está muerta por dentro».
En definitiva, la nota
doctrinal exhorta a no renunciar a las emociones —pues el mismo Jesús amó con
corazón de hombre— pero sí a educarlas y ordenarlas. El objetivo final del
cofrade debe ser un encuentro transformador «de corazón a corazón» con el
Señor, evitando que el «ruido» de lo externo o la «fragilidad» de lo puramente
afectivo impidan una adhesión libre, verdadera y constante a Jesucristo.




Excelente, quizá esto de debe enseñar a las hermandades y que todo sea menos ostentoso.
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