lunes, 6 de abril de 2026

Resurrección

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P. P. Mateos

La resurrección del Señor, temple sobre tabla de Nicolás Florentino, c.1445 (Catedral Vieja de Salamanca)


06-04-2026


Los cuatro evangelios nos refieren la resurrección del Señor y los cuatro coinciden en que estaba María Magdalena. En los sinópticos, María Magdalena estaba acompañada de otras mujeres, en el evangelio de san Juan, está sola. Este dato no es superficial, necesitamos detenernos un poco en él para profundizar. Podemos hacernos algunas preguntas: ¿Cómo no estaban los once? ¿Por qué estaba María Magdalena viniendo de un mundo totalmente diferente? María Magdalena valoraba más que a sí misma al Señor y los once no valoraban más al Señor que a sí mismos, razón por la cual, tienen miedo, se sienten señalados, pero ahora como cómplices de un condenado, no como amigos de un triunfador.

Recordamos en este momento las palabras del comienzo del libro de la Sabiduría: «Porque se manifiesta a los que no le exigen pruebas | y se revela a los que no desconfían de él». En estas palabras encontramos expresada la razón de por qué es María Magdalena, según el evangelio de san Juan, o las mujeres según los sinópticos, quienes encuentran al Resucitado en primer lugar, y no son los once, aunque estos sean los elegidos del Señor.

Sin embargo, el Resucitado, no se olvida de ninguno, todo lo contrario, va reuniendo a los dispersos, uno a uno los busca y los encuentra, y los reconstruye devolviéndoles la confianza y de nuevo, los envía en su nombre. Todos ellos, cada cual a su manera, expresan la sorpresa de su encuentro con Cristo resucitado saliendo, anunciando, comunicando y juntándose con aquellos que comparten la misma experiencia que ellos.

Este envío y reunión de los testigos se debe a que la resurrección es el único acontecimiento de la vida del Señor que no tuvo testigos. Lo vieron resucitado, pero no resucitar. Supone esto una llamada, a mi juicio, a buscar el amor y el testimonio del Padre, pero no buscar practicar nuestra justicia delante de los hombres. Recibir paga de hombres por entregar la vida es, de hecho, conservar la vida y, de esta manera, seguiríamos conservándola, engañándonos a nosotros mismos. Podemos decir que cada aparición del Resucitado es un don de Cristo a quienes tienen la misma actitud que María Magdalena, aunque con diferentes matices. Y así, somos convocados nosotros también a seguirle con sencillez.

Finalmente, el Resucitado muestra cómo es un cuerpo glorioso, no es un cadáver al que se le devuelve la vida, como ocurrió con Lázaro, la niña del jefe de la sinagoga o el hijo de la viuda de Naín, a quienes devolvió el Señor la vida que tenían. La vida del Resucitado se muestra también en las marcas que distinguen su persona de un modo inequívoco, le son propias, son su identidad personal. La vida del resucitado es MISERICORDIA, tal y como se muestra en sus saludos: «Alegraos», «Paz a vosotros», «Vosotras no temáis»… y, finalmente, es la vida eterna que esperamos.

¡Feliz Pascua!


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