05-06-2026
Ayer,
día cuatro del presente junio, en un pasado no muy lejano, se celebraba el
tercero de los jueves que relucían más que el sol. Ahora solo queda uno: el
Jueves Santo, ya que la Ascensión del Señor y el Corpus Christi han pasado a
celebrarse el domingo siguiente al jueves correspondiente.
Por
otra parte, al lamento que se oye referido a un pasado temporal, nada sigue, es
decir, que no ha tenido consecuencias que evidencien la importancia de tal
falta, los tres jueves, en la vida de los cristianos. No se trata de reclamar
nada a nadie sino de mostrar la falta de motivación cristiana y evangélica que
se expresa en una añoranza de un pasado que puede pretender perpetuarse,
olvidando que quienes ahora confesamos la fe en Jesucristo podemos seguir
cumpliendo el Mandamiento Nuevo del AMOR, el jueves, si el Corpus es fiesta
patronal del municipio en que vivo o en domingo, si no lo es.
Más
aún, cumplir el Mandamiento Nuevo nos lleva a celebrar el día de Caridad todos
los días, dejando en un lugar menos relevante el día de la semana en que tenga
lugar la celebración litúrgica.
Como
cofrades, el Corpus Christi es un subrayado del Jueves Santo. En este día, el
Jueves Santo, celebramos la institución del sacerdocio (Misa Crismal), el Mandamiento
Nuevo, el Amor Fraterno, (Misa de la Cena del Señor) y la institución de la
Eucaristía (2° Lectura de la Misa de la Cena del Señor). La institución de la
Eucaristía es el subrayado del día de Corpus. Necesitamos, pues, entrar y
nosotros mismos, pues de cuanto venimos diciendo se desprende una llamada a la
autenticidad de vida y no solo «formal» sino transformante, es decir, que
busque un mundo donde se respire la civilización del AMOR, por su realidad en
la sociedad y no solo por sus formas.
El
Señor nos llama a seguirlo y no porque no supiera de la dificultad que tal
seguimiento entraña, ya que nos dice en el evangelio según San Lucas: «¿Cuándo
venga el Hijo del Hombre, encontrará esta fe en la tierra?».
San
Juan Pablo II nos decía en Redemptoris Missio, n. 2: «a los 15 años de Evangelii
Nuntiandi [...] el presente documento se propone una finalidad interna: la
renovación de la fe y de la vida cristiana. En efecto, la misión renueva la
Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas
motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola!».
La
misión de la Iglesia es la EVANGELIZACIÓN, y a este respecto hemos de recordar
lo que nos decía San Pablo VI en el n. 41 de Evangelio Nuntiandi: «El
hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que
enseñan —decíamos recientemente a un grupo de seglares—, o si escuchan a los
que enseñan, es porque dan testimonio».
El
testimonio de vida es el compromiso a que nos llama el «Corpus Christi».




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