viernes, 5 de junio de 2026

Tres jueves

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P. P. Mateos

Adoración de la Eucaristía, pintura de Herrera el Viejo (1641), Capilla Sacramental de Las Siete Palabras, Sevilla


05-06-2026


Ayer, día cuatro del presente junio, en un pasado no muy lejano, se celebraba el tercero de los jueves que relucían más que el sol. Ahora solo queda uno: el Jueves Santo, ya que la Ascensión del Señor y el Corpus Christi han pasado a celebrarse el domingo siguiente al jueves correspondiente.

Por otra parte, al lamento que se oye referido a un pasado temporal, nada sigue, es decir, que no ha tenido consecuencias que evidencien la importancia de tal falta, los tres jueves, en la vida de los cristianos. No se trata de reclamar nada a nadie sino de mostrar la falta de motivación cristiana y evangélica que se expresa en una añoranza de un pasado que puede pretender perpetuarse, olvidando que quienes ahora confesamos la fe en Jesucristo podemos seguir cumpliendo el Mandamiento Nuevo del AMOR, el jueves, si el Corpus es fiesta patronal del municipio en que vivo o en domingo, si no lo es.

Más aún, cumplir el Mandamiento Nuevo nos lleva a celebrar el día de Caridad todos los días, dejando en un lugar menos relevante el día de la semana en que tenga lugar la celebración litúrgica.

Como cofrades, el Corpus Christi es un subrayado del Jueves Santo. En este día, el Jueves Santo, celebramos la institución del sacerdocio (Misa Crismal), el Mandamiento Nuevo, el Amor Fraterno, (Misa de la Cena del Señor) y la institución de la Eucaristía (2° Lectura de la Misa de la Cena del Señor). La institución de la Eucaristía es el subrayado del día de Corpus. Necesitamos, pues, entrar y nosotros mismos, pues de cuanto venimos diciendo se desprende una llamada a la autenticidad de vida y no solo «formal» sino transformante, es decir, que busque un mundo donde se respire la civilización del AMOR, por su realidad en la sociedad y no solo por sus formas.

El Señor nos llama a seguirlo y no porque no supiera de la dificultad que tal seguimiento entraña, ya que nos dice en el evangelio según San Lucas: «¿Cuándo venga el Hijo del Hombre, encontrará esta fe en la tierra?».

San Juan Pablo II nos decía en Redemptoris Missio, n. 2: «a los 15 años de Evangelii Nuntiandi [...] el presente documento se propone una finalidad interna: la renovación de la fe y de la vida cristiana. En efecto, la misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola!».

La misión de la Iglesia es la EVANGELIZACIÓN, y a este respecto hemos de recordar lo que nos decía San Pablo VI en el n. 41 de Evangelio Nuntiandi: «El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan —decíamos recientemente a un grupo de seglares—, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio».

El testimonio de vida es el compromiso a que nos llama el «Corpus Christi».


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