lunes, 4 de julio de 2016

De opiniones, sentimientos y devociones

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José Fernando Santos Barrueco

La Virgen María del grupo escultórico Jesús en la calle de la Amargura, de San Julián | Fotografía: Pablo de la Peña

A las puertas del periodo veraniego, pronto se cerrará la segunda temporada de esta revista online que la Tertulia Cofrade Pasión abrió el 23 de febrero de 2015 en la efeméride de los 25 años de la aprobación de sus estatutos. Como se indicaba en el primer artículo, esta ventana pretendía mantener durante todo el año el espíritu de la revista impresa "Pasión en Salamanca", que desde 1994 viene publicando la Tertulia cada cuaresma. Disponer de un foro para el análisis, la opinión y el reportaje que contribuya al enriquecimiento de la religiosidad popular, desde sus distintas vertientes, muy centrado en las celebraciones de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Un foro abierto a la participación externa, aunque el empeño en sacar dos artículos semanales (lunes y jueves) requiera el esfuerzo de algunos miembros de la asociación para poder cumplir esos objetivos. El 16 de julio del 2015, en el cierre del primer curso y bajo el título de "En esto consiste", aparecía un resumen de la andadura de este portal durante el mismo, haciendo alusión a su carácter abierto, sin más coordinación que la estrictamente necesaria para el buen funcionamiento del mismo.

No pretendo en este artículo hacer un nuevo resumen, sino referirme al malestar que pueda ocasionarse desde un foro de opinión cuando se incide en el mundo de los sentimientos. Es indudable el enriquecimiento que supone la diversidad de opiniones en un espacio abierto, con absoluta libertad tanto en el tema y en su desarrollo como en la participación (opiniones contrarias a las que aquí puedan exponerse en determinados aspectos, también pueden tener aquí su vía de expresión). Pero esa diversidad en el modo de ver y enjuiciar las cosas nunca puede suponer que opiniones contrarias tengan necesariamente que pasar por el filtro de cuál es la buena y cuál la mala. Todas pueden ser perfectamente válidas y responder a distintas caras de la misma moneda. Todas pueden enriquecer el tema de debate y responder a distintos gustos. El que a uno puedan gustarle determinadas cosas, o verlas desde determinados planteamientos, no significa que no puedan ser válidas y, además, tener un público, que las ve de otra manera.

Este aspecto tan perfectamente entendible en la vida normal (el refranero popular tiene una buena serie de ejemplos), tiene sus problemas cuando nos centramos en el campo de los sentimientos y más aún de las devociones. Aquí las cosas se ven con otra pasión y no es fácil, ante un gusto o una opinión contraria, abstraerse a esa realidad, como si se tratase de Manolete o Belmonte, del Sevilla o del Betis.

Cuando las opiniones se vierten sobre aspectos que afectan a sentimientos es muy fácil herir susceptibilidades. Y esto es lo que ocurre cuando nos centramos concretamente en el ámbito de las procesiones y en la forma práctica de ponerlas en la calle: música, estilo de los pasos y forma de llevarlos, filas de cofrades como cortejo que da sentido al significado de "procesión", presencia de niños y su papel en las mismas, enseres y elementos procesionales, actitudes y comportamiento.

Hay que considerar que lo que a unos pueda parecer fuera de lugar, para otros responde a la manifestación de su fe, ni más ni menos válida que la que pueda tener quien la expresa de otra manera. La fe es una actitud humana que va más allá de la razón y nadie es quien para poner límites a esa experiencia personal de encuentro con Dios.

Nadie puede saber, ni mucho menos juzgar, los sentimientos que se manifiestan cuando uno procesiona en el anonimato de un capirote, o carga debajo de un paso, o cuando lleva un niño pequeño en la procesión. Ni tampoco cuando desde la calle alguien se arranca con una saeta, un piropo o rompe en aplausos ante algo que le resulta emotivo.

La libertad de opinión y el enriquecimiento que supone la diversidad de criterios da sentido a un foro en el que pueden y deben expresarse las opiniones, siempre que se haga sin menospreciar las contrarias. Y no solo las opiniones, sino incluso las críticas constructivas, más aún si van apoyadas en argumentos de la índole que fuese (de culto, liturgia, tradición, respeto, etc.), que debieran ser tenidas en consideración, aunque puedan no ser asumidas por otros. Los puntos de vista contrarios también deberían ser expresados de la misma manera para buscar el  entendimiento y acercamiento de posturas. El desprecio de unas y otras lleva a una espiral que no es buena para nadie y consigue alejar a unos y otros, incluso en aquellos aspectos en los que se coincide y sobre los que habría que seguir construyendo para llenar de sentido y mejorar nuestra Semana Santa.


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